¿QUÉ TIPO DE RECIPIENTE ERES?

Un viejo maestro cansado de escuchar las quejas de su discipulo, lo mandó a buscar un poco de sal. Cuando el discipulo regresó, el maestro le pidió que mezclara la sal en un vaso de agua y lo bebiera.

¿A qué sabe? -le preguntó el maestro. ¡Amargo! -le respondió el discipulo.

El maestro sonrió y le pidió al discipulo que tomara el mismo puñado de sal y lo arrojaran en el lago. Los dos caminaron en silencio hasta llegar al embalse y cuando el discipulo echó la sal, el maestro le dijo: ¨Ahora toma el agua¨.

Mientras el agua corría por la quijada del joven, el maestro le preguntó, ¿A qué sabe? ¨Sabe fresca¨, le dijo el discipulo. ¿Puedes probar la sal? -Le preguntó el maestro.

No, le dijo el joven. Luego de escuchar la respuesta, el maestro se sentó a su lado y tiernamente le explicó.

Los dolores, fracasos y fustraciones que nos trae la vida (en este contexto) son como la sal. Sin embargo, la cantidad de amargura que puedas probar por causa de esta ¨sal¨, siempre dependerá del tipo de contenedor, a que ésta llegue.

¨… Esa agua se convierte en un manantial que brota con frescura dentro de ellos y les da vida eterna¨. Juan 4:14 (NTV).

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